Ayer nos fuimos de boda. Hacía ya unos meses que no iba a una y como mujer amante de las bodas lo echaba ya de menos. Claro que luego viendo los percances que prosiguieron no sé si quiero volver a otra..

Tuve tan mala suerte que unos días antes de dicho evento me dió una reacción alérgica en los ojos y el alergólogo me recomendó que no me maquillara. Es que él no entiende que para una mujer de ojos grandes que se maquilla como Dios manda una vez al mes pues sus hijos no le permiten más, el no maquillarse es sinónimo de ir con la cara de fantasma de cada día y eso no gusta, no. Total, que puesta a mostrar mis ojos de topo hinchados, decidí cambiar el modeloito y plantarme un sombrero ladeado estrategiquísimamente hacia el lado de mi pobre ojo. Resultado: impecable, nadie notó nada y yo más contenta que unas pascuas a pesar de no poder usar las mil y una sombras de ojos que me he comprado este invierno para proponerme maquillar y mostrar así mi mejor cara al mundo. Vamos, que el tema de las ojeras no vende mucho…pero con mi sombrero rojo no sólo nadie notó nada, sino que parece que hasta gustó el efecto de “hacerse la interesante” que no ve más que la mitad que los demás invitados.

Lo malo fue cuando salimos de casa. Con esto de las prisas, mi marido se puso nervioso y llegamos tranquilamente 24 minutos más tarde. Suerte que justo cuando llegamos a la iglesia, la novia hacia su entrada triunfal. Pero la tardanza no se debió exclusivamente a lo nervioso que se puso mi maridín, sino a que no pudimos aparcar dónde creíamos, si no en un parking muuuuucho má abajo. Para los que conozcáis el Tibidabo, es el segundo parking, el de más abajo, muchos quizás ni sepáis de su existencia. Con las prisas, el sombrero ladeado, unas pequeñas carreras repentinas en las medias, empezamos a subir una impresionante cuesta que jamás pensé que llegaría a a subir con tacones. Pero siempre os lo digo, never say never..(que ya lo dice Justin Bieber, que en su juventud, encierra una gran sabiduría). Nos acompañaban en esta caminata muchas familias con hijos que iban al parque de atracciones con carritos, mochilas, gafas de sol y caras felices, pero nadie con tacones, traje de chaqueta y evidente cara de mosqueo por tener que subir semejante cuesta. Llegué arriba del todo que se me salía el corazón de su sitio. Definitivamente no estoy en forma. El llevar a mis hijos en brazos de aquí para allá o en el MacLaren doble se ve que no cuenta como ejercicio de fondo. Fue llegar al banco de la iglesia y me desplomé…tuve que robarle al de al lado un folletito para abanicarme del calor que tenía encima..¿Que por qué no me llevé unas prácticas bailarinas?, os estaréis preguntando. Pues mira, con las prisas de dejar a los niños con la canguro, se me olvidó la verdad,pero ahí no acaba todo.

En medio de la ceremonia, cayó algo del techo. Todos los vimos y nos quedamos alucinados. Pero volvió a caer algo y claro, todo el mundo ya distraido hasta el final de la misa. Parece ser que caían como restos de tierra o algo así. El tipo que tenía al lado se ralló tanto de quitarse el polvillo de su chaqueta que se largó y todo. Un exagerado, vamos..y eso que él seguro que no se había pegado la carrerita que yo me acababa de pegar…

A la salida de la iglesia, nos dispusimos a reencontrarnos con viejas amistades y aquí empezaron las cagadas. “Hola Pepito, qué tal, muy bien, hombre, gracias”. “Y ésta, ¿quién es: tu novia?”, le espeto yo a uno ni corta ni perezosa.”No, mi mujer, está embarazada”. Buaaaaaah..tierra, trágameeeeee. ¿Cómo lo iba a saber yo? lo peor de todo es que estábamos invitados a su boda, pero ni me acordaba. Soy malísima con los nombres, lo reconozco. A ésta le sucedió otra cagada, pero la obviaré por tratarse de preguntar de alguien que olvidé ya no está entre nosotros. “No voy a abrir más la boca en tooooodo el día”, me dije a mí misma convencida.

El resto de la boda fue muy bien. En ell cocktail muy rico todo, unas mesas muy bien decoradas, unos globos volando que le dieron un aire muy romántico y original. Mi marido se alió con sus amigos y como no, acabó bebiendo más de lo que habíamos “pactado” inicialmente. Con decir que acabó queriéndose llevar una maceta gigante al coche…pero nuestras pequeñas diferencias por su estado de embriaguez que me llevó a un evidente cabreo quedan ya para la intimidad.Conclusión: para la próxima boda me llevó al Menor para hacer presión y que no “me” beba tanto. Ah! y un par de bailarinas bien planitas y la boca bien cerradita para no meter más la pata. Nada como ir de bodas.

María

3 Comments on Una boda accidentada

  1. La Gallina Pintadita
    18 marzo, 2012 at 11:34 pm (6 años ago)

    jajajaja, que me he reido. ¡pues fue un rato estupendo después de todo!¿o no?

  2. maria laura
    19 marzo, 2012 at 2:02 pm (6 años ago)

    jajajjajaja Tendré en cuenta todos tus consejos! voy de bodas los próximos meses!
    para las madres que todavia tengan que llevarse al pequeño porque todavia come cada 3 horas : EL VESTIDO QUE SEA COMODO!!! hace 2 años (gemma tenia 3 meses) tuve que encerrarme en el baño y quitarme medio vestido porque evidentemente se me pasó el detalle de que tenia que dar pecho!!! vestido precioso pero no exactamente lo que diria comodo!

  3. Con M de Madre
    19 marzo, 2012 at 7:30 pm (6 años ago)

    Sí, realmente nos lo pasamos bien…;)
    María Laura, lo tendré en cuenta para la próxima boda. A ver qué traje encuentro xa dar el pecho a mi gordito!es difícil…