Ahora que se acercan las Navidades y nos vemos ya con unos cuantos kilos de más encima, quizás estáis pensando en lo que haréis después para recuperaros. En realidad siempre es un buen momento para empezar a hacer deporte. Son muchas las excusas que nos podemos poner para evitarlo: es complicado con los niños, estoy siempre cansada, no tengo ropa adecuada, me duele la espalda, a ver qué pinto yo en un gimnasio lleno de gente que me mira….pero, ¿ y si te dijera que existen gimnasios especializados de mujeres? ¿Cambiaría eso algo? A mí me dio qué pensar, así que cuándo me ofrecieron el reto de hacer el circuito de Curves  en Sant Cugat durante un mes, lo acepté encantada.

Aunque había estado haciendo ejercicio en el embarazo del Cuarto y algo de post-parto quería hacer algo un poco más cañero ahora que mi suelo pélvico estaba recuperado a los 6 meses de dar a luz. Llega un momento que si no haces un poquito de cardio, aunque sea, no vas a quemar esos kilos de más que se quedan tras cada embarazo. Y aquí llegó mi reto: hacer 30 minutos dos veces a la semana durante un mes los circuitos que tienen todos los centros Curves del mundo.

La verdad es que está todo súper bien pensado: desde la decoración con elementos morados para motivarnos a las mujeres, hasta el minimalismo, hasta cada máquina que hasta es morada también como todo en sus gimnasios.
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Me sorprendió mucho saber que el mismo circuito de tan sólo media hora que hacía yo cada semana, lo hacen mujeres de todas partes del mundo, cada una con la intensidad que ella se proponga, claro está. La profe, Nuria, nos lo dijo: que hasta señoras de 70 años en Japón hacen diariamente este entrenamiento y están como rosas.

La verdad es que yo siempre he sido muy vaga para los deportes y eso que mi padre, como buen maratoniano, me intentó meter en atletismo de pequeña, pero yo era más de ballet, de patinaje artístico…vamos, que en realidad hasta que me quedé embarazada por primera vez y empecé a ir a aquagym, no había hecho nada de deporte serio hacía una década tranquilamente. Mi paso por los gimnasios se reducía a mis tres años de Holanda, cuando era yo joven y delgada, y quería lucir palmito. Pero vamos, que lo que es ejercicio, no hacía mucho, que digamos. Iba con mis amigas y lo que nos gustaba era la sauna de después y el solarium, pero lo de sudar en las máquinas como que no.

Sin embargo, el concepto de Curves es diferente. Son centros pequeños con sólo mujeres que entran y salen cuando quieren y hace cada una su media horita cómo mejor le convenga. Esta flexibilidad de horarios es fundamental para una madre de familia numerosa, como yo. Antes de nada quiero dar las gracias a mi vecina Cristina que me cuidó al Cuarto mientras yo entrené ese mes.

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El circuito, como os decía, consta de 12 máquinas cada una pensada para trabajar unas partes del cuerpo, de modo que al acabar el entreno, has movido tanto la parte superior, como central e inferior de tu esqueleto. Las máquinas se hacen sólo durante 30 segundos cada una. Lo que oyes ( o lo que lees, mejor dicho). Pero eso sí, con toda la intensidad que puedas. En cada una de ellas puedes ver el mínimo y máximo de veces que deberías hacer. Las socias, además, tienen una opción en la que se les da una llave que pueden meter en cada máquina para registrar así todo lo que hacen exáctamente. Con esos datos, a final de mes les salen gráficas de todo lo que han quemado.

Entre máquina y máquina hay una tabla para descansar otros 30 segundos, pero sin dejar de moverse. Lo que puedes hacer en ella es libre, aunque si has trabajado el tiempo establecido al máximo, no te quedan fuerzas más que para trotar suavemente. Si por el contrario, prefieres hacer más suave las máquinas, siempre puedes en las tablas hacer algún movimiento de brazos o step más movidito, pero lo suyo es darlo todo en la máquina, vaya.

¿Y como sabréis cuándo han pasado 30 segundos? muy fácil. Desde megafonía os avisarán diciendo: “¡Cambio!” y así sabes que tienes que abandonar la máquina o tabla y pasar a la siguiente.

Este circuito se hace tres veces entero al ritmo del chumba chumba que es bastante motivador. Yo iba de buena mañana y me animaba mucho, la verdad. Además, tienes siempre una monitora en sala animándote y corrigiéndote si no haces bien alguna máquina.

Tras el triple circuito, toca hacer una serie de estiramientos en esta zona. Lo pueden hacer hasta cuatro personas a la vez en un mismo aparato muy grande que permite estirar todas las partes trabajadas.

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Sin embargo, lo que más me ha gustado y el elemento diferenciador de este gimnasio es cómo motivan a las mujeres a que vuelvan cada día. En otros centros, se apunta mucha gente y no vuelve a pisar el gym. Aquí esto no pasa. Me consta que muchas mujeres que he visto iban cada día. ¿ Y por qué? pues porque quieren y les gusta eminentemente. Eso se consigue con una serie de elementos visuales que motivan al más puro estilo de los niños en los coles. Por ejemplo, unas semanas había este mural de pegatinas que me encantó. Al acabar el entreno, podías pegar un “gomet” (como llaman aquí en Cataluña), que definiera cómo te sentías: con más energía, más positiva, menos cansada, con más ganas de hacer cosas, más elástica…etc Había un sinfín de opciones y como podéis ver estaba lleno. El deporte engancha y las mujeres que vienen aquí están definitivamente motivadas.

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Otras semanas hacían diferentes retos y se apuntaban, por ejemplo, a equipos con las diferentes monitoras que había y tenían que intentar cumplir una serie de requisitos para ganar más gomets para el equipo, por ejemplo: entrenar 3 veces a la semana mínimo y beber agua durante el circuito. Otra vez me encontré con un dado gigante que había que lanzar que me decía que máquinas trabajaría con más intensidad ese día.

Otros días de la semana, a ciertas horas había algún tipo de ejercicio en concreto para practicar en las tablas de descanso como por ejemplo, body balance o zumba. No sabéis luego qué agujetas tenía al día siguiente y eso que estando allí ni te das cuenta. Cada una puede hacer todo con la intensidad que quiera y pueda, pero os aseguro que te lo pasas bien y funciona pues yo me noto más deshinchada y tonificada tras 4 semanas a tope.

Porque como bien dice su lema que tanto me gusta: “el que nada hace, nada cambia”.

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Además, las socias tienen la opción de que las miden y pesen e ir llevando un registro de sus avances en este sentido. Cuando una mujer lleva yendo X veces, recibe una camiseta del centro que pone “Curves 100 veces” o “200 veces”, 400, 800…¿no sabéis la de señoras que la lucían y me daba una envidia sana… Me encantaría poder tener la constancia de seguir yendo tantos días al año. ¿ No os pica el gusanillo de ir, mamis?

Aquí podéis mirar si tenéis un centro cerca de dónde vivís. Ahora que ya lo habéis conocido seguro que os fijáis más por la calle y véis más. ¡El cambiar está en vuestras manos!

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María

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