Que levante la mano a quién sus padres no le han chantajeado con un «como sigas comiendo chuches, vas a acabar en el dentista». Creo que asustar a los niños de esa manera no es nada positivo. De hecho, yo misma recuerdo ir a estas visitas con tanto pavor que me escondía detrás de la cama para que mi madre no me llevara (como si eso fuera a cambiar algo). Nosotros hemos encontrado la clínica perfecta dónde llevar a tu hijo al dentista para que no tenga miedo y es por eso que quería compartirlo con vosotras: en la clínica dental Alzamora de Rubí

Al principio, mi hijo Eduardo tampoco las tenía todas consigo, pero a medida que fuimos yendo a este dentista, se fue relajando tanto porque comprendía lo que le estaban haciendo y sabía que no pasaba nada ni dolía, que al final hasta le dio pena acabar con su tratamiento.

La diferencia de esta clínica con las demás es que a los niños les tratan con infinita paciencia y les EXPLICAN TODO. Esto que os puede parecer una nimiedad o ser algo innecesario, en realidad marca la diferencia para que un niño esté relajado o no y quiera volver.

Mi hijo mediano tiene ya casi 8 años y es muy inquieto. Al principio no quería que le empastaran las caries que necesitaba, pero poco a poco, gracias a todas las explicaciones que le fueron dando, vio que no había motivo para tener miedo ni estar asustado ni gritar ni moverse cual lagartija.

Esto lo consiguieron haciendo varias visitas para que todo fuera progresivo y positivo. En la primera, que fue una especie de «adaptación», conoció el centro y se familiarizó con él, el personal, los instrumentos y las sensaciones que iba a notar en su boca a las que no estaba familiarizado.

Tras una limpieza de dientes (profilaxis)más topificación con flúor, Edu salió medio convencido de que no pasaba nada por tener que volver otros días a quitarle caries.  Además, le explicaron cómo tenía que limpiarse los dientes correctamente y por qué y le dieron un reloj de arena para que supiera cuánto tenía que durar el cepillado. Una hoja para poner cada día una cara contenta si se había lavado los dientes bien, también le dio ese empujón extra que le faltaba para motivarse con el tema ya que es un gran comedor de chuches y tenía muchas caries.

Me llamó la atención que Vanessa siempre hablaba en positivo y dándole los suficientes detalles adecuados a su edad para que fuera consciente en todo momento de lo que le estaban haciendo, pero sin tener miedo.

Así, cuándo luego vinieron los empastes de caries para los que fue necesario anestesiar parcialmente la boca, Edu estaba la mar de pancho. Sí, era molesto, no vamos a negarlo, pero aguantó tan bien que yo no daba crédito porque como os digo, es un niño muy movidito e inquieto.

En todo momento los padres pueden acompañar a su hijo y nosotros entrábamos también con Rocío que se portó estupendamente. Creo que a Edu también le gustaba saber que estábamos ahí las dos.

Aguantó estoicamente los empastes de sus muelas con sus correspondientes caries. Además, en el caso de Edu fue necesario realizar una radiografía (ortopantomografía) para descartar más caries y valorar el recambio y desarrollo dental en general.

Para acabar nuestras sesiones, le dieron un diploma porque se portó muy bien (y no lo digo porque sea mi hijo). Aquí, en la foto, por ejemplo, podéis ver cómo estaba el pobre con la boca todavía con anestesia, pero aún así estaba contento (y no sólo por perderse clase).

Una vez acabado el tratamiento, siempre te aconsejan volver en unos seis meses para ver cómo sigues. Os dejo aquí su web e Instagram por si queréis encontrar para vuestros hijos un dentista respetuoso.

María

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