Este creo que es un tema fundamental en cualquier familia con más de un niño: los temidos celos. Es curiosa la connotación negativa que tienen los celos cuando son la cosa más normal del mundo, pero no obstante, los que los hemos “sufrido” en las carnes de nuestros hijos sabemos que es algo difícil con lo que tenemos que lidiar cada día.

Hay niños en los que se acucian más, otros más callados lo sacarán de otra manera, pero todos los niños los tienen, lo cual demuestra que quieren a sus padres y que tienen una relación de apego bien establecida, creo yo.

Una profesora de mi hijo mayor que es psicopedagoga, nos dijo en p4 que había un libro muy bueno para este tema y que me gustó muchísimo y por eso os  lo quiero recomendar a vosotras también. Me gustó tanto que me compré dos más de las mismas autoras. Sólo he conseguido leerme los dos primeros, pero este verano quiero leerme el tercero porque seguro que merece la pena tanto como los otros.

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El otro día el Mediano explotó. Llevaba días portándose mucho peor de lo habitual, cosa ya difícil en él pues es un niño de alta demanda. No sabía muy bien a qué achacarlo: al calor, el campamento de verano del cole con niños un curso mayores, el nuevo hermanito..¿¿.todo junto quizás??
Y entonces vinieron a mí consejos que había leído en estos dos primeros libros. Cuando lees un libro de educación nunca sabes si serás capaz de poner en práctica realmente lo que has leído porque la teoría es muy bonita, pero luego el día a día es otra cosa. No obstante, de repente vinieron a mi ideas buenas y útiles, lo cual me gustó mucho pues me demostró que sirve de algo leer libros interesantes de educación.
Os voy a explicar lo que hice yo con un niño de 5 años que es muy extrovertido, risueño, intenta escabullirse de cumplir con sus obligaciones y quiere llamar la atención constantemente por estar entre un hermano mayor muy obediente y responsable y una hermano menor muy guapa y graciosa que llama mucho la atención, vamos, lo que viene siendo el famoso “hermano sandwhich “.
El Mediano estaba castigado (como casi siempre) sin bajar a la piscina. Como lo que más les gusta a nuestros hijos es bajar a la piscina mi marido le había castigado con eso a la hora de la comida, así que al levantarse de la siesta y recordar su castigo se puso como una fiera. Para más inri, su padre y hermanos no sólo bajaban a la piscina, sino a la de nuestros vecinos, lo cual hacía mucho más suculento el plan y peor su castigo, por ende.
Le dije que haríamos juntos la cena y al decirle que había judías verdes y salmón se puso como una furia pues no le gusta ni una cosa ni la otra. Si por él fuera, sólo comería pasta y carne, vamos, casi como una servidora jeje. Así que montó su típica pataleta de ponerse a gritar como un loco y tirarse por el suelo. Cuando de pequeño hacía esto, pensé que algún día dejaría de hacerlo, pero lo cierto es que acaba de cumplir 5 años y sigue igual de primario en lo que a la gestión de las emociones se refiere, por eso intento leerles cuentos que hablan de las emociones para que aprenda a verbalizar cómo se siente en vez de gritar y pegar.
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Estos dos libros los recomendó mi pediatra, Lucía, en su charla de este año en el congreso de educación de Gestionando hijos en Barcelona. El primero es más sencillo y apto para mi Mediano y el otro, para el Mayor, aunque leo este último en voz alta a los dos muchas noches pues tiene muchas palabras nuevas y el Mediano es muy bueno cogiendo nuevo vocabulario.
El caso es que tras intentar que mi hijo haya ido adquiriendo maneras para expresar sus sentimientos, esa tarde castigado en casa decidí hablar sólo en positivo, no alterarme y potenciar todas sus cosas positivas. Hay veces que sólo pensamos negativo de algún hijo tipo “ya la está liando”, “seguro que ha sido él”…etc y esto no nos/le ayuda y no es justo para él que lo etiquetemos como “el malo” o “el desobediente”o  lo que sea, vaya. Así que recurrí a mi lista mental de sus cosas buenas. A veces hay que rebuscar un poco, pero hay que hacer una lista. La mía fue:
1. Sabe hacer reír mucho a su hermanito bebé de 3 meses
2. Lee sorprendentemente bien para su edad (de hecho, los niños de p4 no suelen saber leer directamente y él lo hace)
3. Hace la voltereta para delante y para atrás en el agua
4. Sabe identificar muy bien los olores (creo que esto lo ha sacado de mí)
5. Sabe encontrar las cosas que se pierden
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¿ Y qué hice? pues ponerle a hacer lo que sabe hacer mejor: hacer reír a su hermano. Sí, El Cuarto estaba un poco asustado. Observad su cara jajajaj
pero por lo general se ríe mucho con él, de verdad y otros niños pequeños también. La verdad es que tiene una risa de lo más contagiosa.
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Aquí el Cuarto me hace gracia porque tiene cara de viejito, pero es que se estaba riendo con su hermano que le provoca que esboze desde tímidas sonrisas hasta carcajadas a sus apenas 4 meses de vida.
Mientras se hace una actividad con la que él se sienta cómodo, es el momento de intercalar las preguntas serias que a una le interesan del tipo : ¿ por qué has pegado a tu hermano hoy?, ¿ por qué no obedeces a papá?, ¿te lo pasas bien en el cole?, ¿echas de menos a tus amigos que no van al campus como tú?
Pero no de golpe, obviamente, sino poco a poco, entre risitas del hermano, hacer una voltereta, leerle su cuento preferido…Las respuestas que obtendrás de un niño de 5 años no sientan cátedra. De hecho, pueden tener hasta bastante poco sentido, pero sirve para darnos pistas de cómo se siente y qué le pasa. Esto sólo es posible hacerlo con calma cuando le tienes a él solo separado de sus otros hermanos con los que hay una gran e inevitable rivalidad.
Otra técnica muy buena que recuerdo de estos libros, el segundo de ello, de hecho, funciona a base de viñetas con ejemplos, es ante la clásica rabieta de: “quiero espaguetis” ( y hoy tocan judías verdes). Hay que escucharles y decirles: ¿ qué te pasa?, ponernos en su situación (quizás llevábamos todo el día pensando en llegar a casa y cenar espaguetis) y lanzar una frase para mostrar empatía del tipo:
“Veo que estás muy enfadado, te gustaría más que hubieran espaguetis para cenar,¿no? a mi también me encantaría no tener que fregar los platos después, pero ¿sabes lo que podemos imaginar? Que estas judías saben a espaguetis o incluso, las podemos cortar muy finitas y poner tomate como si fueran espaguetis”
En definitiva, es lo mismo que haríamos con un adulto:
1. Escucharle. Dejarle que se exprese libremente
2. Empatizar con él
3. Intentar ayudarle
Quizás la reacción de tu hijo tampoco es parar a llorar y ponerse a dar brincos por comerse las judías de marras, pero al menos sentirá que le comprendes y que puede confiar en tí para contarte sus problemas.
Todo esto sólo es posible si tú haces un súper esfuerzo por no ponerte a su altura y enfadarte y consigues dialogar de una manera sosegada que muestre que no te alteras lo más minimo, lo cual es para mí lo más difícil de todo. Debemos luchar para conseguirlo. El cambio que experimentaremos en nuestros hijos es posible y depende de nosotros. Quizás alguna vez necesitaremos encerrarnos unos segundos en el baño y respirar profundamente, pero los adulto aquí somos nosotros y debemos estar calmados para transmitir esa calma.
Por último, como os comentaba en otro post, es muy útil coger a un sólo hijo y dedicarle un poco de tiempo a él en exclusiva. Sea con la actividad que sea (pasear, tomar un helado juntos, bañaros en la piscina, salir a hacer geocatching solos)  seguro que se siente importante y vuelve cambiado al sentirse querido.
¿Vosotras qué muestras de celos veis en vuestros hijos? Contadme cómo las solventáis. Seguro que podemos aprender mucho las unas de las otras.

 

María

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