Siempre he sido una persona bastante ordenada, a veces, hasta un poco rara. Fijaos que hasta me acuerdo que una vez que fui con mis padres a casa de unos amigos en Francia, me aburría tanto que me dejaron un cajón desordenado para que lo ordenara y eso es lo que más satisfacción me podía dar. Sí, era un poco especial. Recuerdo que de pequeña abría el bolso de mi madre y me sorprendía la cantidad de cosas extrañas que llevaba: pintalabios, una mandarina, un chupete, kleenex…etc Ahora veo que cada vez me parezco más a ella. Reconozcámoslo, de un modo u otro, al final acabamos siendo muy parecidos a nuestros padres.
Todo empezó cuando el otro día salí con mi marido por la noche, ¡sí, lo conseguimos! y me tuve que coger un bolso “normal”, de los que antes llevaba colgados del brazo, aquellos que tanto me gustaban y tantos tengo, muy a pesar de mi Señor Marido. Hace casi dos años que no los llevo, por lo que me sentí muy rara, algo así cómo cuando una se pone sus primeros tacones y no está segura de si sabe andar como una persona normal con ellos. Os podría decir lo que llevo en mi bolso del Bugaboo en el que suelo pasear al Menor por las mañanas, pero creo que es mucho más gráfico si os explico lo que llevo en mis dos bolsos que cuelgan de mi súper Mac Laren doble-embiste-a-todo-lo-que-se-le-pone-delante.
En el bolsito bordado con el nombre de El Mayor (sí, llevo los nombres bordados porque soy así de cuca yo), hay lo siguiente: un cacito medidor de leche de plástico rosa brillante (me sirve para distraer al Menor porque morderlo le gusta más que otros artilugios que venden en las tiendas de puericultura), un body de 12mese, un sonajero en forma de cangrejo de colores vivos que hace mucho ruido (por si se cansa del cacito en el médico que es cuando más hay que esperar y tener varios recursos a mano), un babero pequeño, una gasa, unas anillas de plástico de colores (un recurso más), un body de 24 meses, un pantalón de 9 meses, otro body de 9 meses (repe), una chaquetita de 6 meses (que ya ni le cabrá al Menor), una bolsita de tela ideal con un pañal de talla 3 y otro de talla 4 (siempre debería una llevar más, por si acaso, que luego falta que no lleves para que el niño se haga una mega caca y tengas que pedir a una madre caritativa un pañal de repuesto), mis fundas de las gafas de sol mordisqueadas por El mayor (ahora veo que no fue buena idea dárselas para que jugara con ellas), un sonajero, un tubo de Arnidol para los golpes (fundamental por si se va al parque o simplemente tu niño se cae en cualquier parte) y un cambiador.
En el bolsito de El Menor podemos encontrar: un mini Tupper de Ikea con un único palito de pan (debería de haber muuuuchos más para un sinfín de situaciones como cuando monta El mayor pataletas en el súper y el diálogo no funciona), una botella de agua, unos mini guantes blancos unidos entre sí por una cuerdecita (muy prácticos, esto es algo que aprendí de los niños holandeses), un caballito trotón de plástico, un paquete de kleenex, una barrita de chocolate negro light (de éstas que una no acaba de entender cómo pueden ser light de lo ricas que están), una loción de Mustela llamada “Physiobebé” para limpieza de la cara en seco que me encantó en la farmacia pero todavía no he estrenado (me suele pasar..), un mega paquete de toallitas Dodot Activity moradas que huelen como a fresa y me rechiflan (lo digo por si alguna madre es especialita con los olores, como es el caso de una servidora), una mini bufanda, un mini gorro de lana, unos mini guantes sueltos (se los intento poner al Menor, pero el Mayor se los arranca de cuajo, no hay manera de que duren más de cinco segundos en las manos de ninguno, así que, al final, paso), una crema anti-mosquitos que también huele muy bien (sí, me dejo llevar por los olores y sí, debería de hacer limpieza porque el verano ya ha pasado), dos patuquitos de Tous suavecitos y monísimos, pero que evidentemente ya no caben a ninguno, la cuchara de plástico con la que doy mejor las papillas al Menor (¡¡¡por fin la encontré!!! ¡Qué hallazgo! Esto debe de haber sido cosa de El Mayor que anda cambiándome todo de sitio y me trae loca), una bolsita de topitos con el nombre bordado de El Menor para poner todas las cositas pequeñas de su higiene, un bolígrafo y un stick labial.
Lo dicho. Acostumbrada a estar preparada a cualquier cataclismo no me acabo de hacer a mis antiguos bolsos de Carolina Herrera del mercadillo que mira que son grandes, pero es que ahí no me cabe ¡¡nada!!

María

2 Comments on Sobre el porqué he dejado de llevar bolso

  1. Belinda
    26 febrero, 2012 at 3:27 pm (6 años ago)

    ¡Ese bolso parece el mío!

  2. Elena Hernández
    2 marzo, 2012 at 7:51 pm (6 años ago)

    Hola..gracias por tu visita..aqui me tienes en tu blog ..ya lo puse en favoritos….besos

    p.d. yo odio usar bolsos…no me gustan….y los que uso son pequeños..llaves y monedero no mas….