Creo que llevo retrasando demasiados meses este post tan necesario para mí que espero que os pueda ayudar a muchas de vosotras. Realmente odio el título del post porque odio el nombre del trastorno alimentario que padezco hace casi 5 años, pero hay que ser valiente y llamar las cosas por su nombre, así que allá vamos.

Para alguien que padece este trastorno y que ha luchado tantísimo por superar complejos, adquirir buenos hábitos y en último lugar, aunque no menos importante, perder peso comiendo bien y haciendo mucho ejercicio, el quedarse embarazada es todo un reto pues supone coger peso irremediablemente y eso es como mi peor pesadilla. Ya os conté en este post cómo logré bajar en pocos meses mucho peso.

Ver que tu tripa crece cada día es sinónimo de alegría porque llevas vida dentro, sí, pero también te hace recordar tus fantasmas que salen a sabotearte con frases como “te volverás a poner como una foca”, “no podrás volver a bajar de peso” y esas cosas bonitas que una no puede evitar decirse.

Este, mi quinto embarazo, es el que he afrontado estando mejor en mi peso y teniendo mejores hábitos y creo que por eso, porque mi metabolismo cambió ya hace más de un año, no estoy subiendo de peso de una manera descontrolada tal y como me había pasado las otras 4 veces. Por ahora sólo he cogido 5 kg en 5 meses, cosa que para mí está francamente bien teniendo en cuenta con el Mayor, por ejemplo, cogí ese mismo peso en un mes.

Lo que he hecho es no pesarme. Así de fácil. Me agobia mucho pesarme. Verme en el espejo y ver cómo me queda la ropa es mi mejor arma para no obsesionarme. De hecho, sólo me ha pesado la matrona dos veces y yo estaba convencida de que había cogido como 3 veces más de peso ( llamadme exagerada, pero de verdad lo creía así) y cuándo me dio la buena nueva yo ni podía creérmelo.

Los tres primeros meses de embarazo fueron los peores que recuerdo de lo cinco embarazos. Me los pasé prácticamente en cama, con vértigos, nauseabunda perdida y queriendo sólo comer pasta, sí, lo que lees: espaguettis, macarrones con aceite y punto. Antojo raro dónde los haya. Nunca me ha entusiasmado la pasta, la verdad, por eso se me hacía muy raro sólo soñar con ella, pero creo verdaderamente que el cuerpo es sabio y si en ese trimestre que estaba cansada hasta decir basta, sólo quería carbohidratos y descansar, sería que lo necesitaba.

En esos meses de tantos ascos, naúseas y vomitos (aunque apenas, por suerte) comí todo lo que me apeteció, pero una vez desaparecieron las naúseas empecé a comer más normal y para mi sorpresa, ví que el dulce que era mi punto débil, no me apetecía en absoluto, es más, me era totalmente indiferente. Esto es algo inaudito para mí y lo agradezco profundamente porque si no, seguramente habría subido mucho más de peso.

Ahora sigo comiendo mucho más de lo que comía estando a dieta propiamente, que tampoco me gusta llamarlo así porque es más bien un estado de vida a largo plazo que comer unas cosas determinadas a corto plazo. Sin embargo, es cierto que tengo unos hábitos sanos y bendito sean porque así sé que lo normal a media mañana es comer una fruta y un puñado de frutos secos y no un donut de chocolate, por así decirlo. Es verdad que mis gustos han cambiado y que ya no muero por los frutos secos y el aguacate que antes eran pilares en mi alimentación, pero intento de todas maneras, comer de una manera equilibrada.

Por otro lado, a la que empecé a sentirme bien y con energía, sabía que tenía que volver al gym y me apunté a aquagym. Hay también un alto componente psicológico y es que necesitaba demostrarme a mí misma que, aún estando embarazada con tripón, era capaz de hacer ejercicio, más moderado, sin impacto para mi suelo pélvico, pero al fin y al cabo, ejercicio. Tampoco estoy yendo cada día como me propuse inicialmente, pero intento ir un par de veces a la semana y así me siento mucho mejor y orgullosa de mí misma sobre todo.

Por eso, mi consejo si padecéis este trastorno durante un embarazo es que no os vengáis abajo y os dejéis llenar de pensamientos negativos, en seguida que vuestro cuerpo os lo permita, volved a comer todo lo bien que podáis y hacer un poquito de ejercicio para mantener la ansiedad a raya. Y cualquier cosa, no dudéis en preguntarme por si os puedo ayudar con mi poca experiencia en este tema.

Y sí, me produce nostalgia verme cómo estaba antes de “delgada”, pero el ver esas fotos, esos vídeos de mis entrenos, me motivan porque sé que el CAMBIO ES POSIBLE y volveré a lograrlo una vez más. Y volveré a bailar zumba y disfrutar como lo hacía antes.

Fotografía: hiphiphurray.

María

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